Kampuchea Democratica o la Dictadura del terror

tuol sleng

Aeropuerto Internacional de Phnom Penh, 13 de agosto de 2009

El 17 de Abril de 1975, las guerrillas comunistas revolucionarias de los Jemeres Rojos comandadas por Pol Pot entraron en Phnom Penh. Sus habitantes, tras casi 30 años de invasiones y guerras civiles que provocaron la pobreza y corrupción en todo el territorio jemer, recibieron a los nuevos revolucionarios con los brazos abiertos, pues para los camboyanos la llegada de éstos representaba una supuesta mejora en la situación que se encontraba el país.

Pero en tan sólo 48 horas las cosas cambiaron radicalmente. Los cerca de 2 millones de personas que vivían en Phnom Penh fueron obligados a abandonar la ciudad a punta de metralleta. Lo que el pueblo camboyano no sabía es que el verdadero régimen que pretendía imponer Pol Pot y sus seguidores era la reestructuración social del país para convertirlo en una gigantesca y utópica sociedad agraria comunista, basada principalmente en el Libro Rojo de Mao, de ahí el apoyo de los chinos durante todo el infierno que duró esta dictadura del terror.

En primer lugar se puso en práctica el asesinato de todos los intelectuales, profesores, maestros, técnicos, especialistas, médicos… cualquier persona que tuviese un mínimo de educación. El mero hecho de usar gafas o saber hablar francés demostraba que había permanecido a una élite favorecida por la civilización occidental, por lo que debía ser eliminado. Tremenda ironía, pues Pol Pot fue educado en París. Después fueron eliminados los hijos de estos profesores e intelectuales, pues Pol Pot los consideró contaminados sin remedio e inútiles para la búsqueda del nuevo hombre jemer. Realmente eran eliminados para anticiparse a una futura revancha.

Cerraron todos los hospitales, y abogaron por la vuelta a los tratamientos con raíces y plantas. Sin embargo, cuando alguno de los líderes sufría el más mínimo malestar, rápidamente era trasladado a algún hospital chino. Obligaron a los enfermos a empuñar el azadón, y cuando eran incapaces de trabajar, eran asesinados por ser considerados parásitos sociales.

Camboya pasó de ser un país fértil y rico en recursos a convertirse en un estado pobre, de recoger varias cosechas al año pasaron a situación de hambruna, pues la falta de ingenieros, arquitectos, médicos y técnicos enseguida pasó factura. Esta situación, pese a las guerras en los 30 años anteriores, no se sufría desde hacía muchas generaciones.

Toda la población fue explotada en los campos de trabajo, donde eran obligados a cumplir jornadas de trabajo de más de 15 horas, comiendo tan sólo un puñado de arroz por la mañana y otro por la tarde. La más mínima queja por parte del trabajador se replicaba con la ejecución inmediata. Se habla de un número entre 2 y 3 millones, la tercera parte de la población del país en aquel momento, fueron asesinados por órdenes de un compatriota, el que supuestamente había sido su salvador.

Este genocidio descontrolado por parte de los Jemeres Rojos alcanzó su máximo nivel de crueldad en los Campos de la Muerte y presidios repartidos por todo el país.

Después de un de un descanso de casi 10 horas, esta mañana me he levantado mucho mejor sin fiebre y algo recuperado del estómago, así que me he dispuesto a visitar la prisión más conocida, Tuol Sleng, rebautizada como el S-21, y los Killing Fields de Choeung Ek.

Celdas en Tuol Sleng

Celdas en Tuol Sleng

El primero de ellos era un antiguo instituto convertido en prisión de seguridad, fueron llevados muchos de los intelectuales, para ser torturados y posteriormente asesinados allí mismo ó en los Killing Fields de Choeung Ek. En la visita a este museo del genocidio, se pueden observar 4 pabellones. En el primero de ellos tenían a los políticos y los presos más importantes en habitaciones amplias, antiguas aulas donde las formas de torturas y asesinatos no tenían nombre. Todas las habitaciones permanecen exactamente igual que el último día que los Jemeres Rojos estuvieron en el poder en el año 1979. Una habitación, la cama, los instrumentos de tortura y una foto del estado en el que había quedado la última víctima. Una de ellas, con el cuerpo boca abajo y la cabeza hacia arriba, mirando al techo. El aula estaba aún llena de sangre…

Un aparato de gimnasia, convertido en instrumento de tortura

Un aparato de gimnasia, convertido en instrumento de tortura

Los dos pabellones siguientes están cubiertos por un alambre de espino, con objeto de que los desesperados detenidos no pudieran suicidarse saltando desde la planta superior, para evitar las dos sesiones diarias de torturas (pellizcos en los pezones con alicates, con los que también les arrancaban las uñas, los colgaban de los largueros que antaño servían de aparatos de gimnasia…) la crueldad llegaba hasta tal punto, que les metían cemento por la nariz, y luego agua hasta que fraguaba, dicen que los gritos de horror y dolor se oían a kilómetros de distancia. En estos pabellones las aulas eran divididas en 11 pequeñas celdas. En alguna de ellas aún se conserva en el suelo la sangre de las últimas víctimas. Hubo un momento que no pude evitarlo y me encerré en una de esas pequeñas celdas para comprobar lo que se podía sentir. No puedo describirlo, no sé si era una sensación real o algo que se percibía de otra manera, y aseguro que no es por dramatizar, pero es la primera vez en mi vida que sentía la muerte. Hay personas que dicen que aún se nota el olor a los miles de muertos que perecieron en esas celdas. En el mismo pabellón se exponían las fotografías de las víctimas. Todos eran fotografiados antes de la tortura o el asesinato. Daba igual que fueran niños, mujeres ancianos… También se expone parte de la obra de Vaan Nath, artista camboyano que logró salvar la vida por ir demorando una escultura de Pol Pot. Después se dedicó a pintar el horror que vivió durante esos horribles años

Cuadro de Vaan Nath, describiendo las crueldades de los Jemeres Rojos

Cuadro de Vaan Nath, describiendo las crueldades de los Jemeres Rojos

En los siguientes pabellones, además de las celdas hay exposiciones de fotografías sobre el sufrimiento de algunas familias, con las fotos de los miembros de éstas asesinados y los testimonios de los familiares. En una de las salas se reproducía un documental sobre la Kampuchea Democrática.

Observad de donde se le colgaba el numero a este "joven" prisionero

Observad de donde se le colgaba el numero a este "joven" prisionero

17.000 víctimas en el S-21 desde el 17 de abril de 1975 hasta el 7 de enero de 1979, día que los vietnamitas entraron en Phnom Penh. Los que no pudieron asesinar en las prisiones, eran directamente enviados a los Killing Fields (campos de la muerte). No he visitado nunca un campo de exterminio Nazi. Dicen que son aterradores, aunque no sé si comparable a lo que vi a continuación del S-21.

A unos 15 km de Phnom Penh se encuentran los campos de exterminio de Choeung Ek. Casi todos los presos que no eran asesinados en Tuol Sleng eran enviados a este horrible lugar. Se dice que tan sólo se salvaron los presos de uno de los miles de camiones que llegaron desde Tuol Sleng. En este recinto (un antiguo cementerio), se han encontrado 129 fosas comunes, de ellas tan sólo 86 han sido excavadas. Las fosas, con el paso del tiempo, parecen como cráteres en los que ya ha crecido la hierba, pues la mayoría fueron abiertas a finales de los años 80. A pie de muchas de las fosas hay carteles explicativos del número de víctimas que se encontraron en ese lugar. El método de ejecución era muy sencillo. Un azadón, un pico de obra o una caña de bambú, los prisioneros eran puestos de rodillas al pie de la fosa, y tras el golpe en la cabeza caían directamente en ella. Para muchos de ellos el golpe no era suficiente, pero o bien eran rematados por un camarada jemer o simplemente moría por asfixia, al ir acumulándose los cadáveres uno encima de otro. Este método era el más utilizado pues no se podían permitir el lujo de malgastar balas.

Craneos en el Memorial de Choeung Ek

Craneos en el Memorial de Choeung Ek

Lo más impactante está por venir. Como los niños pequeños y bebés no podían estarse quietos para recibir este método de asesinato, los verdugos los asían de las piernas, y eran brutalmente golpeados contra un árbol hasta su muerte, para ser arrojados a una fosa común para los bebés y sus madres, situada justo al lado de este árbol. Creo que jamás encontraré las palabras exactas para expresar lo que he sentido en el momento de ver ese árbol, rodearlo y sacarle fotos sabiendo lo que había representado y lo que ahí había sucedido, fue con diferencia lo más espeluznante de toda la visita. Me senté en un banco que había justo enfrente de él, y pasó el tiempo hasta que pude reaccionar. No sé si fueron 5 o 30 minutos, me quedé en blanco.

ese horrible arbol, junto a la fosa comun

ese horrible arbol, junto a la fosa comun

Cerca de la entrada al recinto hay una Pagoda acristalada que alberga, en ocho diferentes niveles según edad y sexo, 8000 calaveras. Si se las observa con detenimiento, se aprecian los cortes y los agujeros en el cráneo, provocados por los golpes con picos o cañas de bambú.

Alguien pensará el porqué de este morbo, porqué esta visita tan desagradable. Hace algo más de un año empezaron a contarme historias sobre lo sucedido en Camboya. El año pasado visité por primera vez el país y me impactó muchas de las cosas que vi. Tenía la necesidad de conocer esta realidad, pienso que es algo que se debe ver, ya que aunque por estar allí o por describir los horrores causados por esta gente no se va a aliviar ningún dolor, sí es importante conocerlos para poder hablar sobre ellos con propiedad, darlo a conocer para aportar un pequeño grano de arena a evitar que algo semejante vuelva a suceder.

Estoy pasando mis últimos minutos en este país, mi vuelo hacia Bangkok saldrá en unos 40 minutos. Me marcho con la misma sensación que el año pasado: volveré pronto, y si en algo puedo colaborar, lo haré. Hasta muy pronto Camboya.

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One Response to Kampuchea Democratica o la Dictadura del terror

  1. Alberto says:

    Gracias por compartir como puede llegar a ser la gente… y aun asi volver.

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