Los Tres Príncipes de Serendip

Granada, 16 de Abril de 2012

A que alguna vez hemos oído hablar de las serendipias… Y por qué relacionamos Sri Lanka con las serendipias?

Para entenderlo nos tenemos que remontar al año 1754, cuando Horace Walpole, cuarto Duque de Oxford e hijo menor del Primer Ministro Robert Walpole, leyó un antiguo cuento anónimo persa llamado “La peregrinación de los tres hijos del rey de Serendip”, aunque más conocido como “Los tres príncipes de Serendip”. Uno de sus capítulos cuenta una serie de sucesos que ocurrieron por casualidad tras la pérdida de un camello, a estos descubrimientos por casualidad los denominó “serendipity”, cuya definición sería algo así como descubrir casualmente algo inesperado  con felices consecuencias, también se define como un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se ha realizado accidentalmente. Serendipity  ha entrado en el ranking de las 10 palabras inglesas mas difíciles de traducir al castellano, aunque para muchos tambiése puede traducir como “chiripa”.

Serendip se situaba en la actual Sri Lanka, y la gran mayoría que visitan la isla por primera vez sienten esa serendipia, se sorprenden muy gratamente de descubrir una tierra tan maravillosa.

Os dejo a continuación este entretenido cuento:

El discípulo miró al maestro en la profundidad de la tarde.

– “Maestro, ¿es bueno para el sabio demostrar su inteligencia?”

– “A veces puede ser bueno y honorable permitir que los hombres te rindan honores.”

– “¿Sólo a veces?”

– “Otras puede acarrearle al sabio multitud de desgracias. Eso es lo que les sucedió a los tres Príncipes de Serendip, que utilizaron distraídamente su inteligencia. Habían sido educados por su padre, que era arquitecto del gran Shá de Persia, con los mejores profesores, y ahora se encaminaban en un viaje hacia la India para servir al Gran Mogol, del que habían oído su gran aprecio por el Islam y la sabiduría. Sin embargo, tuvieron un percance en su camino.”

– “¿Qué les pasó?”

– “Una tarde como esta, caminaban rumbo a la ciudad de Kandahar, cuando uno de ellos afirmó al ver unas huellas en el camino: “Por aquí ha pasado un camello tuerto del ojo derecho”.

– “¿Cómo pudo adivinar semejante cosa con tanta exactitud?”

– “Había observado que la hierba de la parte derecha del camino, la que daba al río, y por tanto la más atractiva, estaba intacta, mientras la de la parte izquierda, la que daba al monte y estaba más seca, estaba consumida. El camello no veía la hierba del río.”

– “¿Y los otros príncipes?”

– “El segundo, que era más sabio, dijo: “le falta un diente al camello.”

– “¿Cómo podía saberlo?”

– “La hierba arrancada mostraba pequeñas cantidades masticadas y abandonadas.”

– “¿Y el tercero?”

– “Era mucho más joven, pero aun más perspicaz, y, como es natural, en los hijos pequeños, más radical, al estar menos seguro de sí mismo. Dijo: “el camello está cojo de una de las dos patas de atrás. La izquierda, seguro”

– “¿Cómo lo sabía?”

– “Las huellas eran más débiles en este lado.”

– “¿Y ahí acabaron las averiguaciones?”

– “No. El mayor, picado en esta competencia, afirmó: “por mi puesto de Arquitecto Mayor del Reino que este camello llevaba una carga de mantequilla y miel.”

– “Pero, eso es imposible de adivinar.”

– “Se había fijado en que en un borde del camino había un grupo de hormigas que comía en un lado, y en el otro se había concentrado un verdadero enjambre de abejas, moscas y avispas.”

– “Se trata de un difícil reto para los otros dos hermanos.”

– “El segundo hermano bajó de su montura y avanzó unos pasos. Era el más mujeriego del grupo por lo que no es extraño que afirmara: “En el camello iba montada una mujer”. Y se puso rojo de excitación al pensar en el pequeño y grácil cuerpo de la joven, porque hacía días que habían salido de la ciudad de Djem y no habían visto ninguna mujer aún.”

– “¿Cómo pudo saberlo?”

– “Se había fijado en unas pequeñas huellas de pies sobre el barro del costado del río.”

– “¿Por qué había bajado? ¿Tenía sed?”

– “El tercer hermano, absolutamente herido en su orgullo de adolescente por la inteligencia de los dos mayores, afirmó: “Es una mujer que se encuentra embarazada, hermano. Tendrás que esperar un tiempo para cumplir tus deseos”.

– “Eso es aún más difícil de saber.”

– “Se había percatado que en un lado de la pendiente había orinado pero se había tenido que apoyar con sus dos manos porque le pesaba el cuerpo al agacharse.”

– “Los tres hermanos eran muy listos.”

– “Sin embargo, su sabiduría les trajo muchas desgracias.”

– “¿Por qué?”

– “Por su soberbia de jóvenes. Al acercarse a la ciudad, contemplaron un mercader que gritaba enloquecido. Había desaparecido uno de sus camellos y una de sus mujeres. Aunque estaba más triste por la pérdida de la carga que llevaba su animal, y echaba la culpa a su joven esposa que también había desaparecido.”

– “¿Era tuerto tu camello del ojo derecho?”, le dijo el hermano mayor.

– “Sí”, le dijo el mercader intrigado.

– “¿Le faltaba algún diente?”

– “Era un poco viejo”, dijo rezongando, “ y se había peleado con un camello más joven.”

– “¿Estaba cojo de la pata izquierda trasera?”

– “Creo que sí, se le había clavado la punta de una estaca.”

– “Llevaba una carga de miel y mantequilla.”

– “Una preciosa carga, sí.”

– “Y una mujer.”

– “Muy descuidada por cierto, mi esposa.”

– “Qué estaba embarazada.”

– “Por eso se retrasaba continuamente con sus cosas. Y yo, pobre de mí, la dejé atrás un momento. ¿Dónde los habéis visto?”

– “No hemos visto jamás a tu camello ni a tu mujer”, buen hombre, le dijeron los tres príncipes riéndose alegremente.

El discípulo también rió.

– “Eran muy sabios.”

– “Sí, pero el buen mercader estaba muy irritado. Cuando los vecinos del mercado le dijeron que habían visto tres salteadores tras su camello y su mujer, los denunció.”

– “¡Pero, ellos tenían razón!”

– “Los perdió su soberbia juvenil. Habían señalado todas esas características del camello con tanta exactitud que ninguno les creyó cuando afirmaron no haber visto jamás al camello. Y se habían reído del mercader, había muchos testigos. Fueron llevados a la cárcel y condenados a muerte ya que en Kandahar el robo de camellos es el peor delito, más que el rapto de esposas.”

– “¡Qué triste destino para los sabios!”

– “La cosa no acabó tan mal. La esposa se había escapado, y pudo llegar antes de que los desventaran en la plaza pública, como era costumbre para castigar a los ladrones de camellos. El poderoso Emir de Kandahar se divirtió bastante con la historia y nombró ministros a los tres príncipes. Por cierto, que el segundo hermano se casó con la muchacha, que estaba bastante harta del mercader.”

– “La sabiduría tiene su premio.”

– “La casualidad los salvó y aprendieron a ser mucho más prudentes a la hora de manifestar su inteligencia ante los demás.”

Regreso a Adam´s Peak – Sorpresa en Maskeliya

Amanecer en Adam´s Peak

Colombo, 3 de enero de 2012

Todos los viajes tienen un momento especial, esa experiencia que marca el recuerdo de un lugar, una situación ó una persona…

Todavía no he llegado a la parte “estrella” de este viaje y ya he vivido una de esas experiencias. Si el año pasado la subida a Adam´s Peak me hizo sentir la espiritualidad de Sri Lanka, repetir la subida este año me ha hecho entender porqué peregrinos de toda Asia vienen a “sentir” Sri Pada.

Las horas previas a la subida fueron totalmente diferentes a la del año pasado. Entonces tuve que viajar desde Colombo hasta Hatton en tren, un viaje que normalmente toma 6 horas, pero por un retraso en la estación de Peradeniya se alargó hasta casi 10 horas, más otras 2 horas que tardamos en hacer el trayecto por carretera desde Hatton hasta Maskeliya (36 km).

Ayer salí temprano de Kandy en furgoneta, de manera que llegamos a Maskeliya a las 14 horas, justo a tiempo para comer con una agradable familia a la que acompañaba con Sri Lanka In Style. Ellos subieron a mediodía y pudieron ver el atardecer desde la cima, algo que debe merecer muchísimo la pena… Yo decidí quedarme para descansar un poco y aprovechar para ver los alojamientos de los alrededores. Éstos son bastante básicos, como mucho alguno con Aire Acondicionado, que tampoco es muy necesario en el Hill Country, y poco más. Los precios están entre las 2.000 y 4.000 rupias. Si nos alejamos un poco más, en el área de Hatton hay lujosos bungalows, para viajeros con un  presupuesto algo más alto, y entre ellos Tea Trails, para muchos el mejor hotel de todo el país.

A la 1:30 comenzamos a subir, de nuevo con Dharmasiri, el guía que me acompaño el año pasado, y dos parejas de checos. Comencé con bastante calma, ya que después de la experiencia del año pasado sabía que la subida es larga y las piernas lo acaban pagando. Mientras subía a mi ritmo me iban adelantando algún grupo de franceses, checos, rusos acompañados de rusas de bastante buen ver… así hasta que faltaban unos 1.800 escalones. En ese momento resurgió ese judoka que siempre me acompaña, y sin bajar el ritmo fui adelantando a todos los grupos que me habían pasado durante toda la subida, pera llegar hasta una hora antes que muchos de ellos. A las 4:15 estaba arriba, con más de una hora por delante hasta que comenzara el amanecer, así que tuve tiempo de abrigarme, comer un poco, poner música en los auriculares y disfrutar de verdad de la magia de Adam´s Peak. Realmente la tiene, y sentir eso allí hace que de nuevo te acuerdes de los tuyos.

La sombre de Adam´s Peak reflejada sobre las nubes

De nuevo vi cómo salía el sol tras las montañas, cómo el cielo se volvía rojo y cómo Ceilán se despertaba a mis pies; también la sombra triangular de Adam´s Peak proyectada sobre las montañas y nubes, la ceremonia de la Pooya al amanecer, pero aún quedaban sorpresas por llegar…

Dharmasiri me había pedido que aligerara para ir a unas cascadas en el Lago Maskeliya, primero debíamos bajar hasta Maskeliya porque él tenía que acompañar a sus clientes, mientras bajábamos me enseñaba posibles alternativas de bajada, nos desviamos bastantes veces del camino para explorar nuevos senderos, caminos, cuevas secretas con inscripciones centenarias, miradores…

Una vez abajo, cogió su tuk tuk y recorrimos en éste unos 5 km hasta una plantación de té cercana al lago. Cuando llegamos pude ver la cascada de Galemore, una impresionante caída de 50 metros directamente sobre las aguas del lago. El paisaje, uno de los más espectaculares que he visto nunca: el lago, la cascada, las plantaciones de té, las montañas… parecía el escenario de una película de dibujos animados.

Allí dejó su tuk tuk, y caminamos unos 45 minutos hasta la siguiente cascada, Peekweve, y rematamos la experiencia. Esta cascada también podría tener unos 40-50 metros de altura, y caía sobre la cola del lago. Ni Dharmasiri ni yo pudimos resistir, así que nos quitamos la ropa y nos zambullimos en el agua helada, que por cierto viene directamente de la jungla y se dice que tiene muchísimas propiedades pues recoge los sedimentos de todas las plantas medicinales. Allí estuvimos nadando cerca de media hora, sintiendo como el agua congelada te iba recuperando de la paliza, serían ya las 11 de la mañana, y había empezado a subir a la 1:30 de la madrugada.

De vuelta a la plantación de té, Dharmasiri me estuvo enseñando otros senderos, algunas plantas especiales con propiedades medicinales ayurvédicas… resulta que su padre y su abuelos eran médicos naturalistas ayurvédicos, profesión que se suele transmitir de generación en generación, y aunque él había roto la tradición al comenzar a trabajar de guía, conocía perfectamente las propiedades de cada planta pues lleva conviviendo con ellas desde pequeño.

Tras la increíble aventura me llevó hasta la estación de autobuses de Hatton, desde donde cogí un bus de la compañía pública hasta Colombo. Cuatro horas y media de camino, con las piernas encogidas y el mochilón en las rodillas, pero después de mi segunda experiencia en Adam´s Peak no me importó demasiado, y más después del baño en el Lago Maskeliya junto a las cascadas.

Lago Maskelya

Sri Pada (Adam´s Peak) y yo estamos forjando una curiosa relación. El año pasado le prometí repetir, y ya he cumplido. La pasada Nochevieja me consagré a él, y me ha protegido desde entonces. Por supuesto, el año que viene repetiré, no quiero romper esta bonita amistad.

Por esta experiencia este viaje ya ha merecido la pena. Pero insisto, estoy convencido que lo mejor está por llegar…

Dulce Kandy

ImagenKandy, 1 de enero de 2012

Feliz año nuevo!!

Un año después de mi primera visita estoy otra vez en Kandy. Acabo de cenar varios platos a base de pollo, verdura, pasta y arroz, todo picante después de una sopita de chili y lemongrass, cómo echaba esto de menos!!

Me encuentro en The Pub, donde he estado viniendo a cenar casi todas las noches desde que llegué. En el karaoke se escucha música muy variada: Frank Sinatra, Boney M, ABBA, Elvis, y otras joyitas de los 40-50-60-80… Un regalo para los oídos, sobre todo cuando llevas todo el día escuchando la música tradicional de aquí, que es como una pachanga de feria, pero aún más animada.

También vuelvo a experimentar la vida local: la calma, la paciencia, las sonrisas… conforme vas viniendo, más entiendes el surrealismo esrilanqués. Lo absurdo se convierte en algo tan cotidiano, que te acostumbras y se transforma en algo natural, a veces te incluso confundes, y cuesta diferenciar quiénes somos los que traspasamos esa línea que separa lo surrealista de los racional, los estresados europeos ó los tranquilos asiáticos…

Llegué a Kandy el mismo día que aterricé en Sri Lanka, primero una rápida visita a Colombo para dejar las tabletas de chocolate que había prometido a mis amigos de Sri Lanka In Style, y un viajecito de 4 horas para hacer los 115 km que separa Kandy de Colombo. Hasta aquí se puede llegar por tren, bus o taxi. La opción más recomendada es el tren, pero siempre reservando un billete de 1ª ó 2ª clase que son los que aseguran los asientos, de otra manera posiblemente tengas que viajar colgado de la barandilla de la puerta. Es bastante económico (entre las 105 y 340 rupias, dependiendo de la categoría del vagón), existe la posibilidad de viajar en un vagón panorámico pagando un poco más, las vistas son espectaculares, comenzando con palmerales y campos de arroz, para adentrarse en las montañas cubiertas por frondosos bosques tropicales.

Otra opción es el bus, poco recomendable, no esperéis los cómodos servicios europeos o de otros países asiáticos como Tailandia, Singapur, o hasta Camboya!! Las carreteras están aún por mejorar y aunque es un viaje curioso, se puede hacer bastante pesado si se hace con el equipaje (lo tendrás que llevar entre las piernas).

La opción más cómoda, pero bastante más cara es el taxi, por unos 75-80 USD. Está bien si viajamos en grupo y compartimos gastos, pero para el que viaje solo, o incluso parejas, puede suponer un gasto importante.

Estos días aquí no han estado nada mal, he vuelto a visitar el Jardín Botánico, el Orfanato de elefantes de Pinnawella, alguna escapada al Hill Country, el venerado Templo del Diente… lugares de los que hablaré con más tranquilidad en otro post sobre la Historia de Kandy, última capital de los reinos cingaleses hasta la ocupación británica.

Sobre la Nochevieja, pues también bastante surrealista. Estuve cenando con Manjula, un muy buen amigo que conocí el año pasado. Es uno de los mejores guías de Sri Lanka, y habla español perfectamente pues vivió 6 años en Barcelona. Apasionado del Budismo y de la meditación, no para de enseñarme lugares, costumbres, historias… junto con Miguel es sin duda la persona que más me está aportando aquí. También cenamos con Shaabdim, “el Fenómeno”. Vive en Kandy y se dedica a proporcionar vehículos, acompañar a los turistas en las compras, asistir a los grupos que vistan la isla, en definitiva lo resuelve todo… una persona bastante honrada que siempre me facilita mucho las cosas cuando ando por Kandy.

Juntos cenamos, brindamos con cerveza, con arrak (licor local) y me acompañaron a tomar las uvas. Después quisimos pasar un buen rato en alguna discoteca local, pero curiosamente estaba todo cerrado desde las 12, a excepción de la discoteca de un hotel, toooooooda llena de esrilanqueses, y para variar ni una chica, cosa también habitual por estos lares. A la 1, bastante cansados (y resignados), nos fuimos a dormir, con poca fiesta pero bastante contento por tener la oportunidad de pasar mi segunda Nochevieja en Sri Lanka.

Mañana de nuevo subiré a Adam´s Peak. Esta vez no pudo ser en Nochevieja, pero seguro que lo disfrutaré tanto como el año pasado. 5.325 escalones para volver a tocar el cielo, una ascensión que me he prometido repetir al menos una vez al año, y cargarme de energía para sobrevivir a un año que será duro pero afortunadamente afronto con optimismo.

Ahora toca descansar, y muy pronto os contaré cómo ha sido la segunda ascensión a Adam´s Peak.

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